Se ha producido un error en este gadget.

20 jun. 2017

Cualquiera diría que los atardeceres calman la tristeza
y que las noches de estrellas; la vida.
Yo en cambio,
sé que tú calmas la tristeza,
y mi vida.
Que eres el atardecer
y la noche estrellada
que tanto anhelaba
ver toda mi vida.

13 jun. 2017

Busco un amor

Cuando solo buscas la felicidad. La posibilidad de ser feliz sentimentalmente, tener una estabilidad. Muchas personas sueñan con tener rollos por doquier…y otras, como yo, con encontrar nuestra media langosta y ser felices por siempre. Con nuestros más y nuestros menos. Con nuestras diferencias. Pero nosotros. Un nosotros que me llene, que me compense, que sean más risas que lágrimas, que le guste pasar el tiempo conmigo, y a mí con él. Deseando que llegue tiempo libre para poder pasarlo juntos, para disfrutarlo. Es lo que siempre he deseado, aparte de un trabajo que me guste y mil clases más de felicidad, pero, en el terreno emocional de pareja, es lo que siempre he deseado. No quiero más ligues. No quiero más el “le gustaré?” no quiero sentirme como una niña pequeña, con miedos e inseguridades. Quiero un amor de película, de esos que duran toda la vida, y de los que aunque se peleen, saben que siempre van a estar el uno para el otro. Que se hagan locuras por amor, y que los sentimientos manden. Quiero que sea él. Mi mister Big. Por favor, quiero que seas tú. No quiero a nadie más.

“Busco un amor. Un amor real. Ridículo, inconveniente, que me consuma, un amor de esos que te hacen pensar que no puedes vivir sin el otro”

Pregunta

¿Porqué las lágrimas son transparentes?
Por que el dolor es algo que no se ve.

7 jun. 2017


Mas tatuajes en el alma que en la piel

Dicen que escritores y poetas se alimentan de sus momentos más tristes, que es cuando están emocionalmente inspirados para escribir las líneas con las que consiguen transmitir parte de los sentimientos que experimentan a aquellos que lean sus palabras. Otros, aprovechan algún espejismo amoroso para condimentar sus frases y estructurarlas en un algo coherente y emocional. Hay quien tiene alguna musa —o muso— que es quien llena de tinta la pluma de quien escribe. También hay quien, sin experimentar tristeza o amor alguno, posee una imaginación infinita que le permite recrear mundos y personajes, tramas políticas, históricas o fantásticas, y embriagar con lo inimaginable al lector.
En cualquiera de los casos, debe haber algo. Algo que mueva las tripas del que escribe, esa energía interior que experimenta quien escribe y que se traduce en una imperiosa necesidad de expresarse, de mostrar lo que lleva dentro a quien sea que se acerque a sus páginas y se pare aunque sea por un instante a leerlas.
Cuando nada de eso existe, se experimenta un hecho que sería similar en forma y sensación al rugir de las tripas. Buscas en tu interior y no hay absolutamente nada. El vacío más absoluto, forjado a partir de haber ido soltando por el camino, trozo a trozo, todo aquello que en algún momento lo llenó. Pero necesitas que haya algo, así que buscas en las paredes más recónditas de ti mismo, raspando hasta en la esquina más oscura y profunda, produciéndose así el rugir mencionado. A veces, uno no se contenta con la búsqueda superficial y prueba a meterse él mismo dentro para ver si encuentra algo allí.
No hay nada. Silencio. Estoy en una habitación oscura, apagada. El silencio gobierna el lugar con un poderío que pareciera que estuviese gritando. Es imposible saber lo que hay alrededor, si parte de una casa o los elementos propios de un lugar abierto, ya que no hay ningún sonido o luz que lo identifique. Pareciera como si hubiese llegado muy temprano, antes de que empiece lo que sea que debiera empezar, o como si hubiese llegado demasiado tarde, mucho después de cuando tuvo sentido estar allí, si es que alguna vez lo tuvo. Es imposible saber cuánto tiempo ha transcurrido desde que allí hubo algo o cuánto tendrá que transcurrir para que vuelva a haberlo.
Mi mente se defiende repentinamente del inmenso vacío, que es incapaz de comprender, con destellos de voces e imágenes un tanto inconexas, que rasgan el silencio del lugar de una forma que casi duele. Algunas son felices, otras no lo son tanto, pero todas ellas parecen más reales que la nada que domina alrededor. A pesar de eso, cada vez es más difícil saber cuáles son reales y cuáles han sido soñadas o manipuladas por mi propia mente. Y aun así, siento que echo de menos algunas de ellas, aunque suenan tan lejanas —y cada vez más— que pronto serán poco menos que un espejismo.
Abro los ojos, cansada por la introspección realizada pero aliviado de volver a la realidad. Miro a mi alrededor, esta vez con mis ojos físicos, reales. Estoy en una habitación oscura, apagada. El silencio gobierna el lugar con un poderío que pareciera que estuviese gritando. Parece que lo que veía en mi interior no era más que el reflejo de lo que en realidad me rodeaba. La única luz que se vislumbra es la de la pantalla que tengo delante, con una hoja en blanco que cada vez está menos blanca y más llena de letras
Quizás es una necesidad física esta de escribir. Como si no hacerlo, nos causara algún tipo de dependencia, nos faltan las palabras fluyendo por nuestros dedos. 
Momentos de inspiración que van y vienen; momentos que sabes escribir de mil cosas, y momentos en los que, aunque no sepas exactamente que vas a escribir, las palabras van bailando hasta formar un texto coherente. Y es que puede que escribas para los demás. Por si alguien te lee. Pero realmente te da igual. Escribes por ti. Porque te resulta casi anestesiante. Como notas que vas tocando en un piano, y al juntarse entre ellas, van formando una bonita melodía. Y cada mañana, adopto palabras que se me quedan sueltas, que se han perdido en la catarsis de mi pensamiento. Pero vuelven a mi, como niños rebeldes que quieren escaparse, pero siempre vuelven al amparo de los brazos de sus padres. 
Y así, casi sin darte cuenta, las silabas se van juntando y van formando una estructura casi lógica, y tu ansiedad por escribir va cayendo, como caen los días unos tras otros. 




"Como un día me dijo el poeta Halley,
Si las palabras se atraen, que se unan entre ellas
Y a brillar, que son dos sílabas"

6 jun. 2017

Están por venir tiempos mejores. Lo se, con mas abrazos y menos errores.

Huracán

Hace
de la risa un huracán y del llanto una tormenta