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7 nov. 2008

Tal vez el destino...Maldito destino


Todo empezó una fría noche. Yo corría por las calles hacia ningún lugar.Estaba lloviendo, y mi corazón iba a explotar de un momento a otro. No podía ser verdad.  No, tenia que ser una confusión, ¡era imposible! Mis lagrimas se confundían con las gotas de agua que caían por mi rostro. Fuimos enseguida a su casa, y allí solo había gritos de dolor. No, no quería asumirlo, ¡no! ¿Cómo podía haberse ido para siempre? Prometió que siempre cuidaría de mi… Aquellos días fueron terribles, aun no había asumido la imagen de su rostro sin vida, ese no era el..era imposible, el siempre estaba lleno de vitalidad, pero ese rostro… Poco a poco intente que aquello no me afectara, intente guardar el dolor en lo mas profundo, donde nunca fuera desenterrado de nuevo para reabrir viejas heridas, y conseguí durante un tiempo.Aparte el dolor. Pero un día me presentaron a un chico que me recordaba a alguien. Era un chico guapo, pero al mirarle a los ojos empece a llorar y desaparecí de allí. Se parecía demasiado a aquel chico sin vida, no podía volver a verlo, aunque la herida ya se había abierto. No era justo, porque se tenia que parecer a el? No podía estar pasando de nuevo. Cuando creía estar superando todo aquello,dos noticias me volvieron a golpear: Una vieja amiga,Vicenta y un amigo, habían muerto. El mismo día, solo les separaban varias horas. Los dos en el mismo tanatorio, en salas contiguas. No quería volver a ver sus rostros apagados. Pero algo en mi me obligaba a hacerlo, y lo hice. Primero me acerqué a ver a Vicenta… fue espantoso, intente ser fuerte, pero me derrumbe. Salí a tomar el aire. ¿Cómo era posible todo aquello? Era una mujer valiente, nunca lo dude. Echo de menos sus abrazos, los paseos que dábamos… Volví a la realidad con una triste sonrisa dibujada en mi cara. Javi me había estado observando. Fumaba. Le aparte el cigarro y nos abrazamos. Luego vacile al ir a la sala donde estaba mi amigo. Fui a verlo, pero no aguante ni dos segundos, tenia la cara desfigurada. La ultima vez que lo vi fue la mañana antes de su muerte, se paro y hablo conmigo. Antes de irse me guiño uno de sus preciosos ojos azules, nunca olvidare ese gesto. Sabes amigo? Cada vez que paso por el lugar donde perdiste la vida, me paro y aun puedo verte tirado en el suelo, con la sangre bañando el asfalto… Demasiadas emociones para apenas las 12 horas mas dura de mi vida

Saludos desde la lluvia..

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