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14 ene. 2011

Furia

La pequeña Maria habia sufrido muchas veces los gritos sordos de dolor y desesperación que venian de algun sitio poco familiar. Aunque a veces esos gritos, se escuchaban de verdad, y estas vez, mas cercanos, casi pudiendolos tocar.
El desconocimiento y el poco tacto, hicieron que la pequeña niña, se viera envuelta en una gran discusión, de vete a saber porqué, y que ni alcanzaba a ver la cara de la mayoria de personas que habia en ese absurdo lugar siendo ya tan de noche. Fue tal el revoltijo de personas que se formó en el lugar, que Maria tuvo que empezar a gatear para poder salir alli, entre medias que se enganchaban en su mochila, zapatos de hombres que pesaban mucho mas de lo que ella podia saber que pesaba una persona, algún que otro perro que se encontró por ese bosque de tacones, zapatos de charol y rústicas botas con suelas de goma.
Empezaba a reconocer ese lugar. No sabe como, ni cuando ni porqué. pero habia estado allí antes.
Mientras intentaba recordar como diablos salir de aquel acúmulo de personas incoherentes, se chocó contra un hombre,alto, fuerte, prepotente, que le gritaba a una muchacha que tenia enfrente. Y Maria lo vió todo, aunque ahora lo recuerda a cámara lenta:
Aquel hombre, cada vez subia mas el tono con la muchacha, y empezó a gritarle, a intimidarle, y poco a poco, la fue dejando arrinconada en una esquina, donde la pobre muchacha intentaba defenderse, pero todas las personas que habia a su alrededor, se hacian los ciegos. Tuvo que ser la pequeña Maria quien sacó valor de algún sitio, y su pequeño cuerpo, pero su gran mente, se enfrentaron a aquel hombre de cerca de dos metros de alto, y algo de ancho. Y tambien le gritó.
Maria no sabia donde habia aprendido todo eso, ni porqué le salia tal violencia de dentro, pero esa imagen del hombre agarrando a la muchacha a punto de pegarle, se le quedó grabada en la cabeza, y desató toda su furia con aquel hombre grande, pero de pequeño cerebro.
El hombre, ante la respuesta inesperada de la pequeña, soltó a la muchacha, y está con lágrimas en los ojos, se acercó a Maria mientras el hombre se alejaba, enfadado pero asombrado ante aquella reacción.
La muchacha cogió de la mano a Maria, le dio las gracias, y le preguntó que si le apetecia ir a tomar un helado.
Maria, volvio a su edad real, aquella en que deseaba estar en el parque jugando, y el helado era su comida preferida. Pero aun así, ni el frio helado logro borrar aquella fría huella que habian dejado en su gran corazón: La huella de la furia, el dolor, el sufrimiento, el egoismo, y la capacidad de posesión de las personas.

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