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5 mar. 2016

La ultima clase del viernes, era la clase de religión, y por aquel entonces, María era la única en su clase (y casi en su colegio) que no daba religión, así que los viernes a ultima hora la metían en la biblioteca y que devorara libros, y ella así lo hacía. Aquel día se topó con un libro que no volvió a leer en su vida, y que quizás a día de hoy ya ni se acuerde de que iba el libro, trataba sobre  una especie de viaje a Narnia, pero sin armarios, sin nieve y sin una guerra que separase a la familia.
El timbre que anunciaba el fin del día y el comienzo del fin de semana, sacó a María de su libro, que pidió permiso para terminarlo en casa, y la bibliotecaria, tan asidua a verla por allí y pidiéndoselo con aquella sonrisa, no pudo decirle que no.
-Muy bien chiqui, pero el lunes lo quiero aquí.
-Gracias Dulce, eres la mejor!- y tras un sonoro beso a la bibliotecaria, salió corriendo hacia la puerta, donde, por sorpresa, se encontró a su abuelo.

-Abu, que haces aquí!?- La niña corrió a sus brazos, y su abuelo, al vuelo la levantó.
-¿Que llevas en la mano, querida, un libro?
-Si, está muy chuli, hoy tenía ética y de nuevo me llevaron a la biblioteca.- La niña agradecía no tener que tragarse una hora de religión un viernes a ultima hora, pero no entendía porque la separaban de sus compañeros de clase, ¡como si el bicho raro fuese ella!
-Bueno, seguro que así no tienes pesadillas por las noches- Su abuelo, hombre poco religioso (simplemente porque le parecía una tontería), no le daba mayor importancia, prefería ver a su nieta rodeada de libros que de biblias. -Mira, ahí está tu primo, hoy te lleva él a clases, vale? Yo tengo que ir al médico con la abuela.
María adoraba a su primo Rafa, de igual nombre que su abuelo y con aquella mirada también extraña y que le llenaba de confianza.
-Rafa, que bien, me llevarás en la moto?
-Muy chula eres tu para lo enana que eres. Vamos, dame la mano que vamos a cruzar.
Después de comer los abuelos se dirigieron al centro de salud, y los primos, se quedaron reposando la comida mientras llegaba la clase de piano y luego la de ballet.
-Primo, vamos a tocar la guitarra, porfi... - María sabe que su primo, 11 años mayor que ella, no podía decirle que no cuando le insistía y le miraba con carita de cordero degollado.
- Chiqui, no me dejas ni descansar...Está bien, pero sólo porque eres tú...

En cuanto sonaron los acordes de "maldito duende", la sonrisa se hizo más que evidente en su rostro, y a gritos, cantaron varias canciones mientras la risa les dejaba. Eran tiempos felices.

-Ahí va chiqui, que se nos hace tarde y tengo que llevarte a piano, vamos que como llegues tarde por mi culpa, me matan- Se pusieron manos a la obra, y en un minuto estaban sentados en la moto.
-Agárrate bien, que nos vamos!- Y con cuidado, fueron camino al conservatorio.
Casi llegaron a la hora justa, María le insistió para que se quedara, pero Rafa le dijo que tenía cosas que hacer, que cuando saliera de ballet, estaría ahí para recogerla.
Después de hora y media de piano y una hora de ballet, la tarde del viernes llegaba a su fin, y conforme se iba acercando a la puerta, María tenia la sensación de que su primo se había olvidado de ella y no estaría para recogerla.
Pero esta vez se equivocó, sonriente y con el caso naranja para María en la mano, saludó a su pequeña prima -Ey chiqui, aquí!- Y la niña corrió a brazos de su primo. Siempre había sido una niña muy cariñosa.
-Mira, he repintado el caso en naranja, como a ti te gusta, y te he traído un colgante!-
Sacó del bolsillo de la chaqueta una bolsita, con una cadenita fina de plata, y un colgante con una H en representación de Heroes.
- Sé que siempre voy a estar contigo, pero cuando no pueda, mira el colgante, acuérdate de que tengo eso mismo tatuado en el brazo, y así estaremos conectados. Vale?- Le contaba mientras se montaban en la moto.
- Vale...- dijo la niña, un tanto aturdida pues no entendía bien esas palabras- pero agárrame fuerte, y no me sueltes.
-¿Porqué no me agarras tu mejor?
-Porque yo aún soy pequeña, si te agarro, por cualquier cosa me puedo asustar y soltarme, y salir corriendo. Tu sé que pase lo que pase, aunque me asuste, no me soltarás. Por eso prefiero que me agarres tú.
Su primo, tierno ante esa actitud de la niña, se bajó, alzó a la pequeña en sus brazos, y le dio un gran beso en la frente. Acto seguido, con el dedo indice de la mano izquierda, rozó su nariz mientras le decia "Nunca te voy a abandonar, pequeña. Estaré siempre contigo, ocurra lo que ocurra".

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