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24 nov. 2015

Debilidad

Y esa noche María no podía dejar de sonreír mientras esperaba, ansiosa, su llegada.
La semana no podía terminar mejor. Desde la ventana vio como se bajaba del coche, y antes de que él llegara al portal, María ya le estaba abriendo la puerta. El corazón de María se aceleraba a la vez que los pasos se acercaban, hasta que por fin lo vio, con su sonrisa y su mirada.
"Hola preciosa" y un beso, no hizo falta nada más. Como siempre, María se quedaba sin palabras y solo le salía una estúpida sonrisa.
"Hola guapo" cerró la puerta y se fundieron en una mezcla de abrazo y beso, la verdad es que sobraban las palabras.
Era para María tan agradable abrazarle, besarle, sentirse pequeña entre sus fuertes brazos.
Para ella fue todo un espectáculo verlo entrar en la cama, y acurrucarse a su lado -¿Se podía estar mejor? pensaba María-.
"Puedes pedirme lo que sea" dijo él. Divertida, María miró esos bonitos ojos y sonrió: "que vengas más veces". "Eso no vale, tiene que ser ahora! Mhmmm..." María se quedó pensando mientras acariciaba su brazo y enredaba sus labios entre sus pelos para besarle, y pensando que más podía pedir en ese momento, se quedó dormida entre sus brazos, con su respiración abrigándole el cuello, con sus brazos rodeándola.
Para ella fue una delicia cada minuto de aquella noche, cuando estaba medio dormida, alargaba la mano para rozar su espalada, y saber que seguía ahí, que no había sido un lindo sueño.
Es curioso como todas las noches pasaba frío, y esa noche le sobraba todo a su lado.
Sin embargo, las pocas horas de sueño pasaron factura a María, ya que cuando se levantó para irse, tan dormida se encontraba, que su cerebro no reaccionó y ni le ofreció un mísero café (claro que de esto se dio cuenta como a las 3 horas de que se hubiese marchado por qué se tiró en la cama rendida por el sueño).
Era tan lindo, tan auténtico, tan...él.
No podía evitarlo, era su debilidad.
Entonces se acordó de que le dijo que había imaginado mucho ese momento, a lo que ella (su mente se hallaba lentísima) le respondió que ella había imaginado aquello tantas veces también... a lo que el le contestó que aquello era mentira, y mientras le arañaba la espalda con dulzura.
De verdad creía el que para ella aquello no era un sueño? Entonces se dio cuenta de que el ya no leía lo que ella escribía, de que aparecía mínimo cada mes en sus escritos, aunque no hablaran en bastante tiempo. Pero siempre era él. Desde el principio, y recordaba sus llamadas siendo casi una cría, como se escapaba de las clases para hablar con el y le encantaba su voz.
Siempre le había causado la misma sonrisa tonta (mentira, ahora esa estúpida sonrisa era aun mayor), y el lo sabía..no? Siempre había sido el, Big, Mon Petit...el pequeño grandullón. Y de nuevo, esa estúpida sonrisa se encontraba en el rostro de María.

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