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20 jun. 2008

Un ultimo adios

Estaba ansioso. Mientras me cambiaba pensaba en la llamada. Parecía nerviosa. ¿Habría pasado algo? Agarré mis cosas y salí corriendo hacia el lugar en el cual habíamos quedado, la playa. Tras cinco minutos de camino llegué, y allí estaba ella; preciosa como siempre, sentada sobre la arena, mientras observaba el horizonte. Me acerqué lentamente y la saludé. Me miró y sus ojos estaban húmedos y tristes. No entendía qué era lo que pasaba. Me senté a su lado y esperé a que comenzase a hablar. Tardaba en hacerlo y mis ansias eran cada vez mayores, así que decidí preguntar.
-Cassie… -dije, y ella me miró-. ¿Qué era lo que tenías que decirme? ¿ha pasado algo grave? Parecías nerviosa por el teléfono.
Tardó en contestar. Al parecer buscaba las palabras exactas con las cuales hacerlo. Finalmente, y tras un suspiro, respondió:
-Me mudo –dijo en un tono muy bajito y sin mirarme a los ojos-.
La miré sorprendido. ¿Se mudaba? No podía ser. Un montón de preguntas surgieron en mi interior. No sabía por cual comenzar, sin embargo, antes de que pudiera abrir la boca ella la tapo con su dedo índice.

-No digas nada. Solo te pido que no me odies. Me voy a Londres, esta noche. Lo siento, sé que debería haberte contado antes, pero… tenía miedo.
-Dime que es una broma –ella negó gravemente con la cabeza y en ese momento una lágrima rodó por su mejilla-. No te puedes ir. Cassandra, yo…
Quizás aquella era mi última oportunidad, debía contarle todo. Pero por alguna razón dudaba. Algo en mi interior me impedía hacerlo… Medite algunos segundos en los cuales no dije nada. Ella aún me miraba, esperando a que acabase aquella frase, sin embargo, nunca lo hice. No me atreví…
Cerró los ojos y de su cuello quitó aquel collar, con la letra “C”, que desde pequeña llevaba puesto.

-Quiero que te lo quedes y nunca te olvides de mí –dijo dándomelo-.
-No te vayas, por favor… -le supliqué-.
-Ya no hay vuelta atrás… -dijo tristemente, mientras se levantaba-.
Y se fue. Esa fue la última vez que la vi. Con aquel vestido amarillo que tan bien le quedaba, con su pelo negro jugueteando con el viento, corriendo hacia el coche donde alguien la esperaba.
Había perdido mi última oportunidad. No había sido capaz de decirle que la queria y ya no habría otra ocasión.

En aquel momento, y aunque sabiendo que ya no podría oírme, solo se me ocurrió decir:
-TE QUIERO CASSANDRA

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